Resistiendo al olvido: 30 años de la masacre estudiantil del 16 de mayo de 1984

Lunes 19 de mayo de 2014, por Documental Amarillo

La muerte de Chucho2 no podía quedar impune como tantas [...] En este país a la gente no sólo la matan en las universidades; también en un callejón oscuro; la dinamitan amarrada a un poste en un barrio popular, o amanece tirada, amordazada, en cualquier potrero. Alberto Álava fue asesinado en la puerta de su casa; los hermanos García y los hermanos Sanjuán no se sabe dónde [...]. Algunos decidieron realizar un acto político para reivindicar su lucha, su vida.

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La muerte de Chucho2 no podía quedar impune como tantas [...] En este país a la gente no sólo la matan en las universidades; también en un callejón oscuro; la dinamitan amarrada a un poste en un barrio popular, o amanece tirada, amordazada, en cualquier potrero. Alberto Álava fue asesinado en la puerta de su casa; los hermanos García y los hermanos Sanjuán no se sabe dónde [...]. Algunos decidieron realizar un acto político para reivindicar su lucha, su vida.

Ese 16 amaneció triste, en los ojos llanto, en los pechos ira, al llegar a desayunar en cada mesa un poema y una flor, el uno por la ira, el otro por el llanto, y unos ojos que nos miran, nos vigilan, son muchos ojos que allanan nuestra cotidianidad; al salir de la cafetería, una compañera me abraza y llora: era su mejor amigo, hacía tan poco que habían hablado, cuántas cosas construyeron, cuántas discusiones, cuántas sonrisas.

10 a.m.: Plaza Che Guevara. Algunas pancartas con la imagen del compañero, del amigo, del hermano, y un poema que intenta recoger sus luchas; el acto político de homenaje se desenvuelve entre poemas, música y recuerdos; cada estudiante se pregunta por qué ante estos crímenes nadie dice nada, alguien dice no saber nada, por qué la prensa calla, por qué la muerte de un obrero, de un campesino, de un maestro, de un estudiante, no son importantes para los jueces, procuradores, ministros, presidentes? Y el acto no era suficiente; para otros, la reivindicación se daba en otros términos, en la calle, para que la gente supiera que sus ojos no quieren seguir viendo que corre la sangre del pueblo.

2 p.m.: Plaza Che. Un bus quemado, testimonio de la lucha contra el TSS, el IVA, la tortura, el asesinato. En la Calle 26 se escuchan tiros dirigidos a compañeros que paraban un bus. Los tiros se siguen escuchando. En la entrada, unos estudiantes lanzan piedras contra el piquete que había disparado. Vuelven a disparar. La gente se tira al piso. “Veo un policía guardando un revólver plateado en la cintura. Ellos ganan la malla y siguen disparando indiscriminadamente, al lado izquierdo un compañero se acerca a la malla, se escucha un disparo, el compa cae al piso. No puedo creer que le hayan disparado a quemarropa, el compañero se retuerce en el piso, al voltearse veo que emana sangre de su estómago, unos muchachos lo alzan de pies y manos, lo llevan a Bienestar”.

¿Quién dio la orden de llegar disparando y tirar a matar? Le dan a otro compañero en la pierna. Los testimonios se repiten, la Procuraduría sabe pero... nada. Una persona con capucha dispara desde el interior de la U, cosa que nos sorprende. Suena una explosión cerca de la policía y ésta entra disparando […] Los estudiantes corren.

El tipo que había disparado desde la U se quita la capucha y empieza a disparar hacía los estudiantes (elementos extraños a la Universidad) mientras los estudiantes corren a refugiarse. Cae un compañero, otro; los compañeros van cayendo. “Un compañero de camiseta verde corre, un policía le dispara una, otra vez, no le da, vuelve a dispararle una y otra vez, como tirando al blanco, hasta que el compañero cae. No sé qué pasará con él, pues tuve que salir corriendo, pues los policías y algunos civiles (policías de civil) ya estaban muy cerca de nosotros”. Peor que entrar disparando, entrar como en una cacería hasta que la presa caiga. Es la policía ‘profesional’ con que cuenta esta adolorida patria. Detrás de la ‘disponible’ entra la patrulla motorizada (y si mi general Delgado Mallarino y mi general Vargas Villegas no lo creen, ahí están las fotos) en un número aproximadamente de 10. Por la Calle 45 entra otro grupo, impidiendo la salida de estudiantes. Es de anotar que dichos motorizados venían sin su acostumbrado chaleco naranja, tal vez para evitar que fuera reconocido su número, pero algunos compas alcanzan a ver el 00 (cero cero) en el casco de algunos, y, como si esto fuera poco, luego mandan entrar al GOES, con su característico uniforme oscuro, siendo esto lo único que reconoce mi general.

Como si fuera un safari, la policía entra a llevarse los cuerpos de los compañeros asesinados por la espalda, a sangre fría (si es que la tienen), a rematar a los heridos. “Vi caer estudiantes heridos cuando corrían hacia residencias femeninas. Cerca de Agronomía, la policía apaleó a alguien y luego de golpearla durante casi un minuto le dieron un tiro” (El Socialista, mayo 24, p. 2) (...).

“Hacia las tres de la tarde de ayer corrían dos estudiantes en medio del pánico general que cundía en la U. Buscaban un sitio de protección y detrás de ellos un piquete de uniformados y tres civiles dispararon a quemarropa a un estudiante que huía. El acompañante de éste, ante tal escena, se detuvo con las manos en alto. Fue aprehendido de inmediato por los mismos policías y golpeado brutalmente. Luego lo obligaron a cargar el cuerpo de su compañero abaleado y lo guiaron hacia la jaula a punta de bolillo. La policía, al levantar el cuerpo del abaleado, le puso en el rostro una capucha del M-19 que la propia policía portaba. Esto fue presenciado por aproximadamente unas 50 personas que a esa hora se escondían en Sociología” (Del comunicado de Odontología, firmado por un grupo de estudiantes)3.

“En vista de mi impotencia para salir corriendo, por una enfermedad que me postró en muletas hace muchos años, opté por tirarme al piso para huir de las balas y logré arrastrarme por el suelo hasta ampararme detrás de una banca de cemento. Quedé como a tres metros de la puerta de acceso a la residencia4 y fue cuando pude escuchar la forma tan violenta como la policía atacaba a los residentes que allí se encontraban. Entraron, según el estruendo que se oían, destruyendo todo, puertas, objetos, y sacando a bolillazos a quienes encontraron a su paso en aquellas piezas. Pude escuchar cuando un militar ordenaba que sacaran ‘a todos esos H.P.’ de allí, y también pude oír cómo al poco tiempo ordenaron que desalojaran la U... Pero la calma no reinó porque momentos después penetraron personas que supongo pertenezcan a organismos secretos del Estado portando pistolas pequeñas, agarrando estudiantes y entregándolos a la fuerza disponible que estaba a la entrada de la 26” (...).

“Recibí el puesto de vigilancia de residencias femeninas a Luis R. sin novedad [...] A las 2:30 la fuerza pública destruyó los vidrios... Luego de los acontecimientos hice un recorrido minucioso en todos los pisos, encontrando las siguientes habitaciones, donde rompieron las chapas: 2069-2067-2018-3038-2034-2033. Las rompió la policía de civil que entró rompiendo la puerta principal con las motos”.

“Vimos cuando unos hombres, casi todos de negro y vestidos deportivamente, entraban armados a residencias femeninas y oímos que golpeaban las puertas y rompían las chapas. Tumbamos las camas y trancamos la puerta, nos encerramos en los armarios. Cuando dejamos de oír ruidos nos asomamos, vimos cuando sacaban encañonadas a varias compañeras”./ “Reconocimos a uno con buzo azul que en la pedrea estaba entre los estudiantes y ahora llevaba un arma apuntándole a una compañera” [...]./ “Un compañero no pudo correr más, lo cogieron y lo tiraron al suelo, le daban patada y bolillo, se le paraban encima y llegó un negro de amarillo y negro (camiseta de rayas) y le dio dos disparos. Gritamos que no lo mataran. Lo llevaron a rastras. No volvimos a verlo” (...).

Otros testimonios

Los abajo firmantes, trabajadores del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, a continuación relatamos los hechos ocurridos el miércoles 16 de los corrientes a eso de las 2:30 a 3:30 p.m.

“En vista de que se oían disparos en el interior de la UN, desde las ventanas del Instituto vimos a un grupo de estudiantes desprovistos de capuchas que se disponían a abandonar los predios por la Calle 47. Cuando ya ganaban la puerta, fueron arremetidos a bala por un grupo de uniformados de negro y policías antimotín que golpeaban indiscriminadamente a los presentes. Se les condujo a unos carros por los uniformados de negro. La policía antimotín penetró en la U” (...).

“Pude ver cómo entraron a la U unos civiles que más tarde volvieron a salir con seis estudiantes, mujeres, quienes iban plenamente identificables, sin ninguna clase de capucha, y las metieron en una jaula. También metían a otros de los que estaban allí mirando, diciéndoles: ¿Usted es de la Nacional? ¡Camine! y los encañonaban”.

“Lo agarraron a bolillazos y patadas. Luego lo cogieron por la parte trasera de la pretina del pantalón y lo levantaron sin que el muchacho reaccionara. Mientras tanto, por la avenida venía un civil negro que vestía chaqueta terracota y bluyín junto con otros uniformados. Sacó un revólver o pistola y se acercó al muchacho que estaba caído en el césped y le disparó” (...)5.

1. Documento publicado en el periódico 16 de Mayo: año 1, Nº 1, julio de 1984. Retomado en revista Suversión N° 563 (1), septiembre de 1993, Bogotá. Editado.
2. Se refiere a la muerte de Jesús Humberto León Patiño, de sexto semestre de Odontología, torturado y asesinado en Cali el 9 de mayo de 1984 (NE).
3. Éste, al igual que los testimonios que siguen, fueron firmados y muchos llevan como identificación nombre y cédula. Para esta transcripción, hemos omitido estos nombres por considerar innecesaria su publicación (NE).
4. Estas residencias estudiantiles ocupaban lo que hoy es el edificio Antonio Nariño. Las residencias femeninas estaban en el edificio Manuel Ancízar (NE).
5. Si bien se ha respetado al máximo la publicación original, se ha hecho una edición para facilitar la comprensión de los testimonios, y se corrigió uno que otro error de tipografía (en especial adiciones o ausencias de letras en palabras).

Afiliaciones

Afiliado a la Federación Internacional de Derechos Humanos
y la Organización Mundial contra la Tortura
Estatus Consultivo en la OEA

José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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