“MUJERES EN JUNTA POR LA DIGNIDAD DE NUESTRO TRABAJO”
(Colombia) (Autor:Comité de Mujeres de la Asociación Campesina de Inzá-Tierradentro )

Viernes 27 de abril de 2007, por Prensa - Colectivo

Las mujeres Inzaeñas estamos en junta desde julio de 2006. Hemos recorrido las veredas del municipio para reunirnos, discutir y organizarnos. En los talleres teóricos y prácticos que fuimos desarrollando, más de treinta grupos de mujeres intercambiamos experiencias, analizamos nuestras realidades cotidianas y reflexionamos sobre las soluciones para dignificar el trabajo que hacemos diariamente. Hoy, durante un día, hemos dejado los hornos de las panaderías comunitarias, hemos puesto a descansar los machetes de las huertas, dejamos nuestros hijos e hijas con nuestras madres y compañeros, para continuar nuestra junta política organizativa.

Nos juntamos pa’ charlar
En los talleres nos dimos cuenta que las mujeres nos desempeñamos en tres tipos de trabajo: productivo, reproductivo y político. Reconocimos que desde que habitamos este territorio nosotras hemos usado el machete y el azadón, y nos hemos puesto las botas al lado de nuestros compañeros para extraer de la tierra el sustento para nuestras familias; desde que tenemos memoria hemos asumido con esmero las tareas cotidianas que implican la preparación de los alimentos, el aseo y mantenimiento de la casa y de la huerta, hemos cuidado de nuestros hijos e hijas, enseñándoles la lengua, las costumbres, los valores, el trabajo y la instrucción necesaria para la vida; desde siempre hemos participado activamente en los trabajos comunitarios, en las asambleas, en las mingas, en las movilizaciones y huelgas, en las elecciones de nuestros líderes y liderezas; además nos organizamos entre mujeres para luchar por nuestros derechos, para fortalecernos, para acabar con las injusticias que enfrentamos. Todos estos compromisos aportan al bienestar de nuestra comunidad, de nuestro municipio y de nuestra región.

Cada día, nuestro trabajo es acción de resistencia. Cuando las cosechas de café se acaban, cuando ya no tenemos ni un peso en el bolsillo, entonces velamos para que las ollas siempre estén llenas; los sancochos que
preparamos con los productos del huerto resisten al mercado global capitalista, a los tratados de libre comercio y a la explotación de las multinacionales; cuando el gobierno ya no contrata profesores para las
escuelas, nos encargamos de educar y transmitir saberes a nuestros hijos e hijas; cuando nos niegan el derecho a la salud, ahí están nuestras manos, nuestros saberes de médicas tradicionales y parteras para cuidar y curar.

Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos y desvelos, nosotras y nuestras familias aún carecemos de la tierra y los recursos suficientes para vivir de manera digna; mientras que los poderosos y las grandes empresas quieren convertir la tierra en propiedad de unos pocos que pretenden aumentar sus riquezas a costa de nuestras vidas, nuestro bienestar y nuestras organizaciones; muchas de nosotras debemos dejar nuestros hijos e hijas, compañeros, maridos, para ir a otros lugares a buscar el sustento de nuestras familias trabajando como empleadas domésticas en otros hogares, sin garantías y con bajos salarios.

Aunque las mujeres hemos venido organizándonos y participando en reuniones comunitarias, la sociedad, la familia y nuestra pareja obstaculizan nuestro trabajo diciendo que no vale la pena, que somos “malas madres” y que en las reuniones de mujeres no hacemos más que chismosear. También hemos enfrentado los malos tratos y la violencia de nuestros compañeros cuando utilizamos métodos anticonceptivos, cuando salimos de casa o cuando ellos llegan borrachos o molestos.

El trabajo que hacemos en la casa, siempre es considerado como “natural” y normal, como si las mujeres naciéramos con la escoba y el trapeador en las manos. Esta es una idea que se ha inculcado por la educación machista, pero nosotras estamos seguras de poder transformarla para que los oficios asignados tradicionalmente a mujeres y hombres sean compartidos entre ambos.

Nos juntamos pa’ cambiar
Porque estamos convencidas que los trabajos que realizamos deben ser reconocidos y valorados, y las labores de la casa y la crianza de los hijos e hijas son responsabilidad de todos los seres humanos,

Porque queremos que nuestro trabajo comunitario sea valorado y se nos brinden espacios y herramientas para poder llevarlo a cabo,

Porque queremos seguir cultivando nuestros campos con nuestras propias semillas y cosechar productos sanos para podernos alimentar e intercambiar con nuestros vecinos,

Porque no poseemos más que nuestros brazos y nuestra inteligencia para garantizar nuestra subsistencia,

Porque no aceptamos que la propiedad privada sea más importante que la vida de los y las comuneras de nuestro municipio y los procesos sociales que ellos desarrollan, y no estamos dispuestas a entregar nuestra
autonomía y nuestra dignidad,

Porque creemos que los procesos comunitarios deben tener como principios la equidad entre hombres y mujeres, el respeto y la solidaridad,

Porque nos parece importante acabar con la explotación impuesta por el capitalismo, pero también con la opresión que ocurre en nuestra casa y en nuestras relaciones personales.

Juntémonos pa’ decidir
Las “Mujeres en junta por la dignidad de nuestro trabajo” y todas las personas y organizaciones que nos sumamos a esta campaña, proclamamos que:

Las mujeres campesinas, indígenas, afrocolombianas, nuestras familias y comunidades debemos tener la tierra que necesitamos para nuestra subsistencia y la capacidad de decidir cómo utilizarla para el mejor estar de todas y todos, es decir, que no tengamos que trabajar como jornaleras en las tierras de otros, que aparezcamos en los títulos de propiedad junto con nuestros esposos, que no nos obliguen a comprar semillas traídas de otros lugares, que podamos recibir beneficios de los productos que sembramos, consumir lo que producimos, intercambiar con nuestros vecinos y utilizar los conocimientos de nuestros antepasados.

Los trabajos que realizamos nos deben permitir vivir con dignidad, estar saludables, recibir un pago justo y un buen trato, permanecer en nuestros territorios y dejarnos tiempo para descansar y divertirnos, para compartir con nuestras familias y comunidades.

Las mujeres queremos decidir libremente los trabajos que hacemos, agruparnos para exigir nuestros derechos y participar en las organizaciones comunitarias sin ser tachadas de “malas mujeres” o “malas madres”, y poder movilizarnos y protestar por nuestras necesidades sin ser perseguidas o recriminadas por ello.

Nosotras y nuestras comunidades debemos valorar el trabajo comunitario que hemos realizado con esfuerzo por la sobrecarga de labores en la casa y en el campo; queremos cada día ser más las que estamos capacitadas, las que abrimos espacios de discusión y las que defendemos la autonomía de nuestras organizaciones de mujeres.

Los trabajos de la casa, la crianza y el cuidado de nuestras familias, que hemos hecho las mujeres desde tiempos ancestrales y que son indispensables para sobrevivir como seres humanos, son responsabilidad de todos y todas, por eso deben ser respetados, valorados y sobre todo compartidos por hombres y mujeres.

Para vivir, participar y trabajar dignamente en beneficio de nuestra comunidad necesitamos que no haya más violencias ni malos tratos de nuestros esposos y compañeros contra nosotras ni contra nuestros hijos e hijas.

Debemos ser libres para decidir cuándo queremos tener relaciones sexuales, si tenemos o no hijos, cuántos queremos tener y en qué momento de nuestras vidas. Todas estas decisiones y necesidades deben ser escuchadas y respetadas.

Queremos construir una sociedad más justa y libre, transmitir nuevos valores a nuestros hijos e hijas y dejar de reproducir una cultura machista, por eso, mujeres y hombres tenemos que trabajar mano a mano.

Para alcanzar estos ideales seguiremos trabajando en colectivo, proponiendo acción política, cultivando solidaridad y respeto. Desde la casa, desde la finca, desde la organización, permaneceremos en junta por la dignidad de nuestro trabajo y de nuestra vida; por la defensa de nuestro territorio; y en el camino hacia la autonomía y la libertad.

Inzá - Cauca - Colombia 16 de abril de 2007

Comité de Mujeres de la Asociación Campesina de Inzá-Tierradentro

Colectivo Feminista Proyecto Pasos

Apoyan:

Asociación campesina de Inzá Tierradentro ACIT
Asociación de Cabildos Indígenas Juan Tama
Asociación Protierradentro
Consejo Municipal de Inzá
Codesco “Destechados”
Ruta Pacífica
Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC
Asociación de Cabildos Indígenas del Norte ACIN
Asociación Campesina de Monserrate, La Plata - Huila
Fundación Centro Comunitario Arcoiris - Cali
Agrupación de rap Zona Marginal - Cali
Estudiantes universidad Externado - Bogotá
Grupo de títeres Huitaca - Ciudad Bolívar, Bogotá
Coordinación de mujeres del Cauca
Mujeres del Patía

Afiliaciones

Afiliado a la Federación Internacional de Derechos Humanos
y la Organización Mundial contra la Tortura
Estatus Consultivo en la OEA

José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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