Las liberaciones ahora. ¿Negociación en perspectiva?

Miércoles 9 de febrero de 2011, por Medofilo Medina

El análisis sereno de los hechos y las declaraciones de ambas partes sugiere que una negociación de paz discreta podría abrirse camino. Y en todo caso hay razones para hacerlo.

Infracciones al DIH |

Un cambio notable

¡Bienvenidos a la libertad!

El 8 de diciembre de 2010 las FARC-EP anunciaron la liberación unilateral de cinco secuestrados. El 30 de enero pasado el Gobierno Nacional informó que la ex senadora Piedad Córdoba había recibido de parte de las FARC las coordenadas para la entrega de las cinco personas.

En su concisión, las dos frases anteriores dan cuenta de decisiones, reconocimiento y coordinación, impensables hace un año. Baste recordar el azaroso y turbulento proceso que se inició cuando la misma guerrilla anunció la liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo el 19 de abril de 2009. Sólo hasta el 30 de marzo de 2010 los Moncayo, padre e hijo, podrían darse el abrazo del reencuentro.

Los hechos

La información que ha llevado a la opinión pública el itinerario de las liberaciones ha tenido la misma sobriedad. El miércoles 9 de febrero en Villavicencio será devuelto a su familia Marcos Baquero, concejal de San José del Guaviare. Posteriormente en Florencia serán liberados el concejal de Garzón Armando Acuña y el infante de Marina, Henry López Martínez, y el 13 de febrero culminará la operación con la entrega en Ibagué del mayor de la Policía Guillermo Solórzano y del cabo del Ejército Salín Sanmiguel.

Garantías explícitas dadas por el almirante Edgar Cely Núñez, comandante de las Fuerzas Militares sobre ausencia de sobrevuelos de naves militares en consonancia con acuerdos firmados entre el Ministerio de Defensa y la Cruz Roja, la conformación de un equipo de crisis integrado por Eduardo Pizarro como delegado del Gobierno, un funcionario de la embajada del Brasil y un miembro del CICR, completan el cuadro general.

El retraso de una semana tuvo que ver con las faenas que debieron cumplir los helicópteros brasileños Super Cougar en socorro a la población severamente afectada por las inundaciones en Río de Janeiro. Sin sobresaltos los colombianos estaremos registrando con optimismo el regreso a la vida normal de cinco personas más, y renovando la exigencia de la libertad de los que aún quedan en cautiverio en las selvas.

¿Qué sigue?

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No existe una conexión automática de las liberaciones con un posible proceso de negociación con miras a superar el conflicto interno. Las primeras pertenecen de manera predominante al terreno de lo humanitario, el segundo se inscribe en el campo político-militar. Parece obvio, sin embargo, que la culminación exitosa de las liberaciones estimulará la creación de un ambiente favorable a la paz en la opinión nacional, de la cual ha estado ausente por más de un decenio.

Hablan las partes

Y en efecto, desde diversos puntos del espectro político se han desprendido señales que evidencian interés por la salida negociada. Importan en primer lugar las voces de quienes fungirían como protagonistas centrales:

- Ya en el discurso de posesión el Presidente Santos puso en circulación la metáfora: “La puerta del diálogo no está cerrada con llave” y aludió al interlocutor: “A los grupos armados ilegales que invocan razones políticas y hoy hablan otra vez de diálogo y negociación, les digo que mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia, y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa”. En las declaraciones durante su reciente viaje a Europa mostraba en primer lugar el lado espinoso, para concluir reiterando la voluntad de diálogo. En entrevista concedida al diario francés Le Figaro el 26 de enero de 2011: “No creo en la palabra de la guerrilla mientras no demuestren su voluntad con actos. Nos han mentido demasiadas veces. Pero si hay pruebas de su voluntad de llegar a un acuerdo, si abandonan su comportamiento terrorista, no estamos cerrados a negociaciones de Paz”.

- A su turno las FARC habían presentado el 22 de septiembre de 2010 una propuesta de negociación, ciertamente en una versión dura: “Sin ningún tipo de condicionamiento”. Se vio igualmente en el video de Cano del 30 de julio de 2010: ¡Hablemos! Luego en el video difundido por ANNCOL señaló Cano: “De la multiplicidad de aspectos de primer orden que deberá avocar Colombia en el 2011 reclamo especialmente atención alrededor de dos proyectos de ley que hacen trámite en el Parlamento, relacionados uno con la reparación de las víctimas de la violencia que sufre el país desde hace más de 62 años y el segundo alrededor de la propiedad y usufructo de la tierra. [1]” Si se miran los comunicados y proclamas anteriores de las FARC, es una novedad que se invite a considerar la propuesta del Gobierno sin antes haberla sometido a rudo ataque.

Un mes antes de su muerte el Mono Jojoy, comandante presentado invariablemente en los medios como hombre de índole particularmente violenta, declaraba en reportaje al periodista Jorge Enrique Botero: “La guerra va para terminarla en unas mesas de negociaciones resolviendo lo que está planteado en los documentos de las FARC. Eso no se termina a tiros ni a bombazos ni a misilazos. Se termina con cabeza pensante, con política….”

Déficit de hecatombe

Desde la opinión pública han avanzado planteamientos favorables a la negociación originados en medios ideológicamente contrapuestos que, en gracias a la brevedad, no se van a glosar aquí pero que son importantes por su potencial de controversia.

Desde luego es ancho el campo de quienes reciben con abierta hostilidad la apuesta por la distensión. El senador Aurelio Iragorri interrumpió con ostensible irritación la exposición del general Oscar Naranjo en un evento sobre seguridad y exclamó dirigiéndose al Presidente Santos: “Haga algo”, y luego en registro más moderado agregó: “Le pido mil excusas señor Presidente, a usted y al auditorio, pero no podía quedarme callado ante semejante situación que está viviendo el suroccidente colombiano”. Que la violencia continúa, que la delincuencia actúa es evidente, pero el “haga algo”, por venir de quien viene, encierra la excitación al escalamiento de la guerra. Son varios los voceros de esos sectores que experimentan un agudo déficit de hecatombe, aquella que vislumbraba el Presidente Uribe cuando descendía a las profundas oquedades de su alma para desojar la margarita: ¡reelección sí – reelección no!

Discreción indispensable

Si avanzan las exploraciones en relación a un posible proceso de diálogo, están envueltas en un espeso silencio. Esta sería también una buena señal, dado que en el pasado las rondas de la paz se iniciaron prematuramente. Belisario Betancur, por ejemplo, no tenía idea de que las FARC habían realizado la séptima conferencia a comienzos de 1982 en la que habían introducido una reorientación estratégica e innovaciones operativas encaminadas a privilegiar una dinámica ofensiva.

La concertación de los diálogos es imprescindible para que cada parte pueda tomar la decisión sobre la base del conocimiento de la disposición real de la otra. Si la sorpresa en la guerra es factor de éxito, en las negociaciones de paz las astucias de lo inesperado suelen resultar nocivas. Las iniciativas que sectores políticos y sociales pongan en marcha deberían ser consideradas teniendo en cuenta que los pasos de los protagonistas crean las bases irremplazables para un despegue firme. Un ambiente de interés genuino por la paz impone en esta fase la renuncia al apremio y a la conminación, pero supone en cambio la discusión serena sobre las responsabilidades de los distintos sectores en la construcción de un movimiento por la Paz que no debería confundirse con la liviana euforia colectiva por ella.

Lecciones del pasado

De los procesos colombianos de negociación pasados -tanto de los fracasados como de los que culminaron con éxito- así como de la experiencia internacional, se desprende que para la salida política de los conflictos internos no basta la voluntad de paz sino que es necesaria la decisión sobre la paz:

- Para el gobierno lo anterior implica el examen previo de las reformas que está dispuesto a realizar y las condiciones políticas para llevarlas a cabo.

- Para el movimiento guerrillero, la discusión seria y clara sobre la desmovilización no es cosa que se pueda de dejar para el final.

Los diálogos del Caguán se desarrollaron mientras cada una de las partes usaba el tiempo para crear mejores condiciones militares para ganar la guerra. En ese camino el gobierno de Pastrana creó ventajas, al paso que las FARC comparativamente retrocedieron. Pero habría que recordar el hecho elemental que ha sido el de la prolongación del conflicto y entonces resulta inevitable concluir que es el país en su conjunto el que ha perdido.

¿Revolución por decreto?

En este camino hay dificultades políticas enormes. López Michelsen acuñó una fórmula para calificar las demandas de reformas por parte de la guerrilla como la pretensión de alcanzar “la revolución por decreto”. Como frase puede sonar afortunada; como concepto es una falsedad, por cuanto las guerrillas no han levantado ni lo hacen ahora unas exigencias revolucionarias a propósito de las propuestas de negociaciones. Las reformas que destacan tanto el E.L.N. como las FARC son absolutamente compatibles con una economía de mercado y con un régimen democrático. Por ello, antes que atribuirle sabiduría a la ocurrencia de López, habría que tomar el sencillo postulado que hace más de diez años destacó un burgués, el señor Nicanor Restrepo Posada para quien las reformas había que adoptarlas no porque las FARC las demandaran sino porque se presentaban como inaplazables. “… No podemos soñar con que va a haber paz gratuita. Además con paz o sin paz, hay que introducir muchas de esas reformas” [2]

¿Y las Fuerzas Armadas?

Un tema crucial para el acertado desarrollo y feliz culminación de un proceso de negociaciones de paz es el de las Fuerzas Armadas. Si los militares no se avienen a las negociaciones, quedaría instalado un mecanismo de saboteo muy eficaz. Ese fue el caso del proceso de paz Betancur y en parte también el de las conversaciones del Caguán.

El general Fernando Landazábal sostenía que en los conflictos internos la paz tenían que hacerla quienes hacían la guerra. Señalaba el general en febrero de 1998 en su visión crítica de las conversaciones: “Por eso en esas propuestas de paz no se ha podido lograr nada, porque los dos elementos fundamentales, los alzados en armas y quienes los combaten, no han sido tenidos en cuenta en la forma debida” [3] Si bien hay que tomar con beneficio de inventario el juicio anterior, dado que frecuentemente los generales en uso de buen retiro hablan de manera distinta a la de cuando estaban en servicio activo, no se puede ignorar el señalamiento hecho por Landazabal. Desde luego no se trata de abogar para que se consagre una especie de derecho de veto a favor de los militares en lo tocante a la paz, sino de tomar con atención el análisis de ese factor específico de las instituciones armadas.

Un momento histórico para la paz

El Bicentenario de la Independencia debería ser tomado como referencia emblemática e inspiradora del propósito de encontrar un término a un conflicto que se ha prolongado por lo menos por un cuarto de la duración que señala el Bicentenario. Un cuarto de la historia de Colombia como país, como Estado. Se ha jugado a fondo la carta de la guerra y se han obtenido resultados, pero no se ha terminado el conflicto.

En la opinión nacional se ha aceptado como normales algunos giros verbales que reflejan una cierta mentalidad conformista: “el guerrillero más viejo del mundo”, “el conflicto interno más antiguo”, “Las Fuerzas Armadas más experimentadas en la guerra contrainsugente”, a los politólogos y sociólogos se le llama violentólogos. Parecería que alrededor de la violencia los colombianos quisiéramos construir una suerte de mito nacional. Es hora de propiciar el debate contra esa manera de pensar, la rebelión contra el fatalismo, la superación del culto a los valores de muerte compatibilizados con valores legítimos.

Además han entrado nuevos motivos de angustia para millones de personas. El reciente invierno ha incrementado la pobreza y la inseguridad, ha afectado de forma directa y grave a 2.150.000 personas de 706 municipios. Max Henríquez ha señalado la magnitud de las tareas que habría que acometer, como la reubicación de grandes masas humanas situadas en las zonas de mayor amenaza en las riberas del Cauca, el Magdalena, Chicamocha, Sinú, San Jorge, etc [4] Así el tema ambiental, el cambio climático deben formar parte de ese Acuerdo Nacional del que hablaba el historiador Eduardo Posada Carbó al referirse a las condiciones para la negociación de la paz.

De otra parte no se ven condiciones para que las guerrillas desaparezcan, aun manteniendo el nivel de la acción que las Fuerzas Armadas han desplegado durante ya largos años. El tema sin embargo de mayor significación es el de las alianzas de las guerrillas con las BACRIM, alianzas facilitadas y alimentadas por la relación con el narcotráfico y por la pérdida del carácter contrainsugente del paramilitarismo. Con la muerte de ´Cuchillo´ colapsó también su “brazo armado” integrado por cerca de mil, hombres que todavía se cubría con la denominación de Ejército Popular Anticomunista (ERPAC). En su pragmatismo militarista las FARC podrían estar preparando las condiciones de un nuevo cambio estratégico. Hipótesis sí, pero que no nacen del capricho.

Dijo el presidente Santos en el citado discurso de posesión: “Es posible tener una Colombia en Paz, una Colombia sin Guerrilla, ¡y lo vamos a demostrar! Por la razón o por la fuerza”. En verdad la fuerza se ha empleado y se sigue empleando sin escatimar recursos. Entonces lo que queda por emplear a fondo es la razón.

Notas

[18 de enero de 2011

[2El Tiempo, 31 de octubre de 1999, p. 8ª.

[3Medina, Medófilo: “Las tropas siguen al líder si se compromete con ellas” Entrevista con el general Landazábal Reyes, Análisis político,39, enero-abril de 2000.p. 83- 94

[4.Henríquez, Max: “Razones y sinrazones del diluvio”. El Tiempo, 29 de diciembre de 2010. Pág. 19.

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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