Camilo 50 años: encuentros y desencuentros en Patio Cemento
Crónica

Lunes 29 de febrero de 2016, por Jaime Jurado

El recuento de los sucesos muestra que no es exacta la impresión que se ha dado, en parte por la desinformación de algunos medios masivos, de que la celebración terminó en una casi batalla campal o agrio enfrentamiento entre partidarios y adversarios de la celebración del aniversario de Camilo Torres.

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Desde hace más de dos años, un amplio abanico de organizaciones populares, religiosas y de derechos humanos, centros académicos y personalidades nacionales de diferentes tendencias venían programando la conmemoración de un acontecimiento que marcó la vida del país como fue la muerte del padre Jorge Camilo Torres Restrepo en febrero de 1966.

Dentro de la gama de actividades componentes del aniversario se destaca la “Peregrinación por el amor eficaz” que convocó a cerca de mil personas provenientes de todos los rincones de Colombia. Esta marcha se concibió como un ejercicio de memoria viva del legado del sacerdote, con una ceremonia y con la colocación de una placa en el altar de su sacrificio, Patio Cemento, lugar de su bautismo de fuego, en el que perdió la vida en el primero y único combate en el que participó como miembro del entonces naciente grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional, Eln.

El propósito era resaltar su figura como sociólogo, religioso comprometido con la renovación de la Iglesia Católica y el cambio revolucionario de las estructuras político-sociales y luchador político por la unidad de los sectores alternativos.

Lamentablemente la reducción del personaje a la categoría de “cura guerrillero” que hacen muchos sectores, la resistencia a la visita por parte de algunas autoridades y grupos sociales en el municipio del Carmen de Chucurí, en el que ocurrió su trágico final, así como la declaratoria de paro armado hecha por el Eln con motivo del aniversario, enrarecieron el clima en que se desarrollaría el acto central de la efeméride, y llevaron a que quedara en la opinión pública la sensación de una confusa pugna política entre simpatizantes del inmolado sacerdote y pobladores locales.

Esta crónica reseñará el desarrollo de la conmemoración en Barrancabemeja y El Carmen de Chucurí, para mostrar cómo, a pesar de no poder cumplir su recorrido total, sí constituyó un ejercicio de memoria, paz y reconciliación necesario y benéfico para el país.

“A veces llegan cartas”

Faltando apenas dos semanas para la fecha de los eventos, nada presagiaba que llegara a perturbárseles. Sin embargo, a comienzos de febrero, en sesión ordinaria del Concejo Municipal del Carmen de Chucurí, algunos integrantes de esa corporación plantearon que la romería formaba parte de un plan del Eln para volver a hacer presencia en la zona y se hizo mención a la carta promovida por un concejal, la que se estaba haciendo firmar por varias comunidades, en la cual se estigmatizaba la marcha y se ponía en riesgo a los participantes.

Fue así como el 7 del mismo mes lo que inicialmente se presentaba como una sesión extraordinaria del cabildo, se convirtió en un “consejo de seguridad ampliado”, al que asistieron cerca de 200 personas, encabezado por el comandante del Batallón de Infantería No. 40 Luciano D’elhuyar de San Vicente de Chucurí.

A pesar de la desnaturalización de la sesión, allí los representantes del movimiento social expusieron de manera transparente en qué consistía la peregrinación para dar claridad y desvirtuar las afirmaciones erróneas que se venían propagando.

Sin embargo la polarización generada en la comunidad no permitió un acuerdo y algunos concejales mantuvieron sus afirmaciones infundadas, relacionando la actividad con la insurgencia del Eln.

Estos antecedentes e informaciones tendenciosas por parte de algunos medios de la prensa nacional que hicieron eco a declaraciones irresponsables de voceros nacionales del partido Centro Democrático en el sentido de que la conmemoración era una marcha disfrazada para generar provocaciones en medio de actos violentos de la guerrilla, no impidieron que los organizadores y participantes venidos de todos los rincones de Colombia se congregaran en el puerto petrolero desde la mañana del sábado 14, confiados en las garantías para la seguridad y el libre desplazamiento que había prometido el gobierno nacional.

Alegría en el escenario de la pelota caliente

En la ciudad de las barrancas bermejas el calor es el principal protagonista. Una canícula implacable y un aire sofocante acompañaron el calor humano con el que los miembros de la Unión Sindical Obrera, de la Organización Femenina Popular y del Frente Unido del Pueblo, recibieron en el estadio de beisbol a los sudorosos visitantes provenientes de la capital del país.

La abigarrada multitud compuesta principalmente por universitarios, profesionales jóvenes, campesinos y veteranos de barbas canosas de tintes intelectuales, mezclados con jóvenes europeos amigos de las causas del Tercer Mundo, desplegó sus hamacas entre las gradas, en medio de alegre música que alternaba ritmos andinos y caribeños.

Memoria viva: encuentro por la paz y la vida.

Tal fue el preámbulo de la jornada de la tarde, efectuada en el Club Infantas, sede social de la USO. Allí, como en el poema de Eduardo Zalamea, creció la audiencia y al grupo de visitantes se unieron locales y foráneos de organizaciones campesinas, sindicales y populares del resto del país, incluyendo algunos de San Vicente y El Carmen de Chucurí. Cientos de personas se congregaron para seguir con atención el conversatorio sobre el legado del padre Torres Restrepo.

Desde la cima de sus casi 90 décadas, abrió plaza Gustavo Pérez, religioso que compartió sus años de seminario y estudio en Bélgica con Camilo, para referirse a su figura no como un icono venerable sino como un ejemplo de sacrificio y consecuencia que no se entendería sin comprender, en su integridad, su apostolado sacerdotal de amor eficaz por los pobres. En vívido testimonio recordó cómo en la temprana juventud de ambos, hacia 1947 cuando iniciaban su preparación sacerdotal, Jorge Camilo le manifestó su extrañeza por el hecho de que en el seminario no tuvieran ningún contacto con el sector popular, a excepción de la visita semanal a unos soldados en plan de catequización.

Decidieron entonces fundar un grupo de estudios sociales que investigaba y debatía sobre la realidad del país, discutía la necesidad de leyes favorables a los trabajadores y analizaba, entre otros, los discursos de Jorge Eliécer Gaitán. Su inquietud no fue solamente intelectual sino que se llevó a la práctica, en contacto con las comunidades en barrios populares de Bogotá.

Los acontecimientos del 9 de abril pusieron fin al centro de inquietud intelectual y fervor social, que fue la primera semilla de la idea de un sacerdocio destinado a “servir y no a ser servido”. Ese apostolado de entrega y sacrificio al pueblo es lo esencial en su vida; lo de “cura guerrillero” es episódico y representa una etapa a la cual fue conducido por la propia cerrazón del sistema político y las persecuciones oficiales.

Camilo se vio impelido a tomar un liderazgo político por subsidiariedad, ya que no había líderes laicos que pudieran unir al pueblo. Tanto su compromiso partidario como el ingreso a la lucha armada fueron concebidos como algo transitorio, como períodos que en corto tiempo llevarían a la revolución y una vez tomado el poder por los sectores populares, su anhelo era volver a ejercer el sacerdocio, en algún lugar del campo colombiano, siguiendo uno de los mandatos del Evangelio según San Mateo.

El padre Pérez continuó relatando que la identificación de Camilo con el sacerdocio fue tan plena que cuando se le notificó por las autoridades eclesiásticas su “reducción al estado laical” (terminología que a su juicio debería revisarse porque implicaría que los laicos están en la iglesia por debajo del clero) lloró durante casi media hora en las instalaciones mismas de la curia. Por eso su obra demuestra que nunca dejó de ser sacerdote, que la “reducción” no era más que un paréntesis en su vida religiosa y que en ningún modo dejaba de ser pastor de la comunidad católica sino que simplemente dejaba por un tiempo y formalmente el ejercicio sacerdotal.

Luego el orador recordó que la presencia de su entrañable amigo en la junta directiva del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, en la cual apreció de primera mano las maniobras de los terratenientes y de sus voceros para impedir hasta el más mínimo cambio en la estructura de la propiedad rural, lo llevó al convencimiento de la imposibilidad, en ese momento, de transformar la sociedad en un sentido democrático y de justicia social por la vía pacífica.

Un cerrado aplauso enmarcó las palabras finales del padre Gustavo cuando recalcó la necesidad de rescatar el ideario del Frente Unido para ayudar a la conformación de una gran coalición pro paz para una transformación democrática del país, a la vez que hacía suyo el llamado del Arzobispo de Cali, Monseñor Monsalve para que esta celebración no se quede en el discurso y para que el legado de Camilo sea conocido, analizado y sobre todo llevado a la vida práctica tanto individual como colectiva.

La emoción, que crecía en forma directamente proporcional a la temperatura del ambiente, de suyo elevada, aumentó más aún con el encendido verbo del jesuita Javier Giraldo, quien comenzó diciendo que el primer legado del homenajeado es el de un amor y un humanismo que partiendo del Evangelio, va mucho más allá de los rótulos cristianos.

Recordó como el ilustre personaje, al llegar a la capellanía de la Universidad Nacional en 1959, en los primeros años del Frente Nacional, asume su labor de una manera muy crítica, en consonancia con el espíritu renovador del Concilio Vaticano II y con los movimientos juveniles, obreros y campesinos católicos promovidos por el padre Cardenne en Bélgica, a los que conoció en su época de estudiante de sociología en ese país, que actuaban bajo la consigna de “ver, juzgar y actuar” para que la lectura del Evangelio fuera fecunda, de modo que el amor a la humanidad fuera eficaz. Así comprometió a los estudiantes a ir a las barriadas a que conocieran la realidad de la pobreza para contribuir a superarla y a que cuando ejercieran sus profesiones lo hicieran con una alta conciencia social. Gran sorpresa tuvo el joven capellán al ver eco de su llamado entre muchos eran creyentes, en tanto sus palabras caían en el vacío para la mayoría de los estudiantes que se decían religiosos.

Su pastoral entonces significó un cambio radical pues ya no se limitó a la administración de los sacramentos ni a una fe vacía sino que tomó lo esencial del Evangelio o “buena nueva”, que es el compromiso con la justicia. De esa manera sentó las bases de lo que pocos años después de su muerte comenzó a llamarse “teología de la liberación”.

La segunda enseñanza fue su ruptura con las etiquetas, al comprobar que muchos sectores de la sociedad actuaban bajo fachadas que no correspondían a la realidad. Por eso criticó duramente a las instituciones oficiales y a los partidos políticos e incluso fue también crítico con los sectores sindicales y de izquierda cuando sus comportamientos no eran reflejo de un compromiso auténtico con el pueblo. Su pensamiento fue radicalizándose y la propuesta del Frente Unido del Pueblo fue presentada por primera vez en un homenaje que le hicieron las Juventudes Conservadoras de Antioquia. La plataforma despertó gran entusiasmo entre los jóvenes, los movimientos obreros, campesinos y barriales y conserva una gran vigencia en la actualidad porque los problemas sociales siguen siendo los mismos de esa época.

Sin ambages ni temores de ninguna índole denunció a las 25 familias oligárquicas que se apropiaban del estado y tomaban las grandes decisiones del país en su beneficio. Llamó a la unidad popular más amplia, respetando la diversidad y las distintas afiliaciones sectoriales e insistiendo que debía prescindirse de lo que separaba, para enfatizar lo que unía.

Pasó entonces de ser un técnico o reformador para convertirse en revolucionario que luchaba por el poder para el pueblo, a esa altura convencido de que no iba a ser posible por la vía electoral.

Continuó Javier abordando el aspecto más discutido de la parábola vital de Jorge Camilo, que fue su decisión de unirse a la lucha armada. Las persecuciones, seguimientos y hostigamientos que ya venía sufriendo, sin duda influyeron en esa determinación, tanto que en una ocasión, su madre, Isabel Restrepo, recordó que poco después de que el hijo se levantara de un sillón para retirarse a su estudio, sintió un ruido estruendoso, producido por la ruptura de un vidrio, hecha por una bala que fue a incrustarse en el mueble en que estuvo sentado minutos antes.

Desde luego que tal opción fue también meditada y madurada, confrontándola con la doctrina de la propia iglesia, especialmente las teorías de San Agustín y Santo Tomás de Aquino sobre la guerra justa. Esta guerra supone tres condiciones: que sea la última alternativa a considerar cuando se han cerrado todas las otras posibilidades, que su objetivo sea lograr una situación mejor para el pueblo y que los costos de la confrontación no sean superiores a sus beneficios. A ello añadía el análisis sobre cómo la violencia históricamente se venía ejerciendo desde arriba contra los sectores subalternos. A ese respecto traía el ejemplo del campesino cuya única riqueza es una vaca de la que deriva su magra subsistencia y la de su familia. Si a ese agricultor le dicen que venda la vaca para comprar una ametralladora, lógicamente dirá que no, pero si se da cuenta de que su vecino compró una ametralladora para matarlo a él o a su familia, no le quedará más remedio que vender el animal para adquirir armas con que defenderse.

Giraldo concluyó su reflexión pidiendo que cualquiera sea el juicio sobre ese punto, hay que tener en cuenta que estaba fresco el ejemplo de la revolución cubana y que por esos años había un ambiente e incluso una cultura propicios a la rebeldía y al levantamiento armado.

En ese contexto debe mirarse la vida y el final de Camilo, que no buscó posiciones de mando ni privilegios sino la entrega y el sacrificio por unos ideales y una causa hasta sus últimas consecuencias.

El conversatorio concluyó con las intervenciones de Pedro Chaparro, dirigente local del Frente Unido y de los congresistas Iván Cepeda y Ángela Robledo, quienes resaltaron la vigencia del mensaje de unidad y amor eficaz del clérigo sacrificado, así como el interés que despierta entre los jóvenes de hoy, muestra de que su memoria no ha sido borrada de la historia nacional. Llamaron al Eln y al gobierno a iniciar prontamente negociaciones porque una paz sin este grupo es incompleta.

Medio siglo sin una tumba

Con el mismo entusiasmo con que se escucharon las intervenciones, el público asistió a la premier del documental El rastro de Camilo, donde se muestra su vida y obra, así como la búsqueda, hasta ahora infructuosa de sus restos, lo que a juicio de algunos expertos en derechos humanos hace que técnicamente se le pueda considerar desaparecido.

La audiencia y el país en general siguen a la espera de una respuesta concreta a este enigma. El estado tiene la palabra.

Música y memoria

Como macabro recuerdo de que la violencia y el odio en Colombia en muchas ocasiones no dejan descansar en paz ni siquiera a los difuntos, el busto erigido en su memoria en el Parque Camilo Torres, es llamado por algunas personas como el“descabezado”, ya que no una, sino dos veces “fuerzas oscuras” que impusieron el terror por cerca de 12 años en la ciudad en épocas no muy lejanas, dinamitaron la estatua conmemorativa.

Afortunadamente fue reconstruida y la decisión de la comunidad, expresada en cabildos abiertos y en asambleas de presupuesto participativo fue la de mantener el escenario con el nombre y la figura en cuyo homenaje fue bautizado.

En animado concierto se escucharon acordes de rap y música folclórica, con presencia de grupos invitados de varias ciudades, incluyendo la guitarra y la voz del dinosaurio de la canción social, el inmortal Pablus Gallinazus con su inmarcesible “flor para mascar”.

Muro de Berlín negro

Al día siguiente, a medida que los buses, escoltados por motorizados de la Policía Nacional, avanzaban hacia la parte culminante de la romería, paralelamente con la emoción crecía la tensión, al ver que la carretera estaba tachonada de ramas y troncos de árboles cortados para impedir el paso. Lentamente se fueron removiendo los obstáculos, hasta una parte en la que no se pudo avanzar más pues la comitiva se encontró con una infranqueable muralla humana formada por hombres del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad. Al otro lado, esperaban también vehículos con personas del sector decididas a no permitir la llegada a Patio Cemento.

Los dirigentes intentaron el diálogo, tanto con los miembros del Esmad como con las personas que se oponían a la actividad. Fue infructuoso y los contactos tuvieron que limitarse a la entrega de flores blancas por parte de los peregrinos, a los policiales y a integrantes de las comunidades locales, como símbolo de paz y fraternidad.

No se trataba de estar en el histórico punto final a cualquier precio ni aparecer enfrentados a la población local. Ante la falta de garantías y para impedir hechos que afectaran la integridad de las personas, en un acto de responsabilidad y sensatez, se decidió realizar la actividad en el lugar hasta donde pudo llegarse.

Eucaristía y poesía social

Ante esas circunstancias, los organizadores levantaron sobre uno de los vehículos una tarima junto a la cual se instaló un gran pendón con la imagen de Camilo y texto alusivo al aniversario.

Bajo un sol de fuego y con el imponente fondo verde de la Serranía de los Yariguíes, conocida también como de los Cobardes, se escucharon las voces bíblicas de los padres Alberto Franco y Javier Giraldo, presidiendo una misa de aniversario, en la que se intercalaban pasajes del pensamiento de Camilo, canciones y apartes de sus mensajes a diferentes sectores de la población colombiana.

Los asistentes, amas de casa, estudiantes, campesinos, intelectuales, obreros, activistas y defensores de derechos humanos, agentes del proceso de cambio hacia la justicia y la paz, verdaderos “poetas sociales” en términos del Papa Francisco, finalmente dieron por cumplida la tarea de dignificar la memoria de Camilo, revivir su mensaje de amor eficaz y ratificar el compromiso por la paz de Colombia.

Epílogo

El recuento de los sucesos muestra que no es exacta la impresión que se ha dado, en parte por la desinformación de algunos medios masivos, de que la celebración terminó en una casi batalla campal o agrio enfrentamiento entre partidarios y adversarios de la celebración del aniversario de Camilo Torres.

Claramente no pudo hacerse todo como se esperaba y tanto las autoridades nacionales como las locales no tuvieron la suficiente voluntad política para garantizar la libre movilización y expresión y que cedieron ante quienes azuzaron el sectarismo y el odio. Sin embargo, hay integrantes de las comunidades de San Vicente y El Carmen de Chucurí que informan se vieron obligados o bien a sumarse o a tolerar el rechazo a la peregrinación manipulados, desinformados o simplemente presionados y no eran muy libres de decidir o expresarse, en tanto otras personas sencillamente creían que los actos podían revivir heridas, no tanto de la época en que actuó el hombre de fe inmolado, sino las producidas más recientemente por el movimiento al que se incorporó.

Así lo manifestó un joven que pidió reserva de su nombre, quien de buena fe pedía a un amigo participante en la movilización no hacer el homenaje porque hay aún hechos muy recientes de actos violentos que cometió el Eln, ya que
muchas familias sufrieron la violencia porque en una vereda cerca al Carmen de Chucurí fue donde se creó un grupo grande de autodefensas, y hubo ahí un conflicto muy fuerte con el grupo guerrillero.

Con el coinciden otros que también quieren permanecer al manifestar que fueron presionadas y muchos diputados, concejales y líderes se pusieron en contra del acto. Concluyen que hubo, por así decirlo entonces un encuentro, de dos puntos de vista diferentes pero que eso deja un precedente de que hace falta la tolerancia y de los movimientos sociales y culturales que permitan a la gente perdonar, reconciliar, olvidar, pensar en la paz, lo que se vio evidenciado claramente en esos días.

No es pues tanto el abismo, pero sí harán falta muchos esfuerzos para romper prevenciones y ampliar la comunicación entre los distintos componentes de la sociedad colombiana, tarea que evidentemente es más llevadera en condiciones de paz y sana convivencia.

Así como para Antonio Caballero, al referirse a Camilo “No es la suya una vida fracasada; sino una vida hecha con lo mejor que puede haber en un hombre de voluntad, de amor y de fidelidad a sí mismo", los actos conmemorativos y este viaje a la memoria no fracasaron sino que significaron un aporte a la reconciliación de la familia colombiana, a la justicia social, la paz y el amor eficaz.

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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